martes, 19 de enero de 2010

Soy sepsi



Cuando estos últimos días observaba (que es una afición que yo tengo la de observar) como caían chuzos de punta tanto por la mañana como por la tarde y veía a esas púberes estudiantes con la falda a la altura de donde comienza el muslo, yo pensaba para mis adentros qué gran motivo puede obligar a alguien a pasar tanto frío. A veces les he pedido a las chavalas con las que tengo más trato que me dieran una explicación de porqué esa falda, esa camiseta a modo de faja, esa ropa interior que no es cumplida en tela. Porque me gusta, porque me mola ir así, porque primero me tengo que gustar a mi misma y luego a los demás… porque tú crees que me he caído de un guindo, niña, que soy mayor casi vieja y sé que los guindos dan guindas.

Cuando tienes 15 años, me acuerdo bien, lo que quieres es gustar a los del sexo contrario, punto y pelota. Vamos a poner el cole en el pico de un monte, con acceso restringido, foso con cocodrilos incluso, una nueva Amazonia donde sólo hay mujeres, vamos a ver cuántas se colocan el uniforme como se lleva ahora. ¿Pa qué? Pensarían todas: si primero tengo que gustar al contrario para luego gustarme a mi, vil pirueta del subconsciente.

Hace un par de años, en una reunión de padres donde nos cantaban las normas de uniformidad, algunas madres murmuraban por lo bajo que las niñas tenían que ir como les gustara a ellas. En este punto hay dos temas que no encajan: primero, un condicionante interno, que el colegio exige uniformidad y alguna no se ha enterado, segundo, un condicionante externo, que vistiendo de ese modo lo que menos expresan las chicas es su libertad.

Si ponemos en fila a todas las niñas que cursan la ESO en el colegio y hacemos un pase de tropa seguramente tengamos dificultad para diferenciar unas de otras, puesto que al fin, creyendo que exponen su propia personalidad y libre albedrío, son réplicas exactas que siguen sujetas a un uniforme, aunque sea el que mola. Y lo más absurdo dentro de ese rigor de falda y tanga es que no cumplen el cometido para el que se ha gestado. Porque chicas, a ver si lo entendéis de una vez, no llamáis “su atención” porque vais todas iguales, IGUALES.

Esta circunstancia en el mundo del marketing está más que estudiada: si yo tengo un producto de la misma naturaleza que otros en el mercado y quiero que el comprador repare en él, tengo que darle unos atributos para que le haga destacar sobre el resto, ¿y cómo lo hago? Diferenciándolo.

Así que no me voy meter en ningún discurso moral sobre cómo llevar el uniforme, no es necesario; estáis gastando rueda donde no es, “vuestro” uniforme no os ayuda a alcanzar el objetivo, que estáis trabajando en balde, que no os ven, que es pasar frío pa ná, chicas sepsis.

0 comentarios: