domingo, 28 de noviembre de 2010

Tuenti tu Tuenti yo


Yo me saco algo de ropa, me peto de maquillaje, hago la uve, saco los morritos y cuelgo la foto. Tú me insultas.
Yo me quito algo de ropa, me pongo frente al espejo del baño y cuelgo la foto. Tú te burlas.
Yo me siento una mierda, escribo en el tablón, voy a acabar con todo. Tú te ries.

Yo te sigo, te mando un privado, me molas. Tú pasas.
Yo me pongo hasta las cejas, cara de colgao, cuelgo la foto. Tú me admiras.
Yo me enfado, te mando un privado, me voy a vengar. Tú me bloqueas.
Yo me acerco
a alguna, la agarro, cuelgo la foto. Tú te mosqueas.
Yo me acerco a otro, le agarro, cuelgo la foto. Tú te desquicias.

Yo salgo. Tú sales. Yo paso por tu lado. Tú pasas por mi lado. Yo te veo. Tú me ves. Nada. Nada. Nada.

martes, 19 de enero de 2010

Soy sepsi



Cuando estos últimos días observaba (que es una afición que yo tengo la de observar) como caían chuzos de punta tanto por la mañana como por la tarde y veía a esas púberes estudiantes con la falda a la altura de donde comienza el muslo, yo pensaba para mis adentros qué gran motivo puede obligar a alguien a pasar tanto frío. A veces les he pedido a las chavalas con las que tengo más trato que me dieran una explicación de porqué esa falda, esa camiseta a modo de faja, esa ropa interior que no es cumplida en tela. Porque me gusta, porque me mola ir así, porque primero me tengo que gustar a mi misma y luego a los demás… porque tú crees que me he caído de un guindo, niña, que soy mayor casi vieja y sé que los guindos dan guindas.

Cuando tienes 15 años, me acuerdo bien, lo que quieres es gustar a los del sexo contrario, punto y pelota. Vamos a poner el cole en el pico de un monte, con acceso restringido, foso con cocodrilos incluso, una nueva Amazonia donde sólo hay mujeres, vamos a ver cuántas se colocan el uniforme como se lleva ahora. ¿Pa qué? Pensarían todas: si primero tengo que gustar al contrario para luego gustarme a mi, vil pirueta del subconsciente.

Hace un par de años, en una reunión de padres donde nos cantaban las normas de uniformidad, algunas madres murmuraban por lo bajo que las niñas tenían que ir como les gustara a ellas. En este punto hay dos temas que no encajan: primero, un condicionante interno, que el colegio exige uniformidad y alguna no se ha enterado, segundo, un condicionante externo, que vistiendo de ese modo lo que menos expresan las chicas es su libertad.

Si ponemos en fila a todas las niñas que cursan la ESO en el colegio y hacemos un pase de tropa seguramente tengamos dificultad para diferenciar unas de otras, puesto que al fin, creyendo que exponen su propia personalidad y libre albedrío, son réplicas exactas que siguen sujetas a un uniforme, aunque sea el que mola. Y lo más absurdo dentro de ese rigor de falda y tanga es que no cumplen el cometido para el que se ha gestado. Porque chicas, a ver si lo entendéis de una vez, no llamáis “su atención” porque vais todas iguales, IGUALES.

Esta circunstancia en el mundo del marketing está más que estudiada: si yo tengo un producto de la misma naturaleza que otros en el mercado y quiero que el comprador repare en él, tengo que darle unos atributos para que le haga destacar sobre el resto, ¿y cómo lo hago? Diferenciándolo.

Así que no me voy meter en ningún discurso moral sobre cómo llevar el uniforme, no es necesario; estáis gastando rueda donde no es, “vuestro” uniforme no os ayuda a alcanzar el objetivo, que estáis trabajando en balde, que no os ven, que es pasar frío pa ná, chicas sepsis.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El niño que no amaba a las mujeres, ni a los hombres, ni a ningún bicho viviente


Una de las mejores fórmulas que hay para crear un best seller es introducir un personaje moderno, actual, con el que los lectores se identifiquen de manera casi fanática y que sea tan previsible que alguien con un poco de mollera sepa lo que va a hacer unas páginas más adelante. Por ejemplo, en Crepúsculo de Stephenie Meyer nos presentan a una chica atontada, poco popular, torpe, con complejo de inferioridad, es decir, igual a como se sienten millones de mujeres en todo el mundo, aunque ella se lleva al vampiro macizo de la cara aplastada y las demás se conforman con leerlo.

Por lo que vivo y veo a diario, creo que si tuviera que crear un personaje tipo para un/a padre/madre e hijo/a, tendría tan fácil montar un modelo, que sería complicado decir eso de “no se puede generalizar”.

Podemos crear una escena inicial, en la que tenemos un primer contacto con los personajes. Un niño de unos ocho años y su madre, en el patio del colegio, a las nueve de la mañana, esperando que abran la puerta por donde entran los pequeños de infantil. El niño juega con una pelota, da enormes patadas al balón sin destino determinado, para que vaya golpeando a los allí presentes (otros niños, padres y madres, algunas embarazadas, bebes en los carritos…) hasta que la pelota pierda fuerza, como si fuera un pinball gigante y por cada uno tocado le dieran mil puntos. La madre, mientras observa al atacante con pasividad, un poco ida, como si aquello no fuera con ella, de vez en cuanto suelta un cansino “fulanitooooooo, ten cuidadooooooooooo”, que, traducido, al castellano simple, viene a significar “me importa un bledo las consecuencias de tus actos, aunque parezca que sí me importa sólo un poquito”. De repente, se introduce un personaje que rompe el juego del niño, alguien a quien el balón le cae en toda la coronilla. Esa persona le quita el balón al niño y le pregunta si sabe que no se puede jugar al balón porque está haciendo daño a los demás. El niño, como si viniera de otra galaxia dice que no, la madre se pone a la defensiva en posición de alerta, con el cuello levantado como una avestruz. Esa persona desestabilizadora para el disfrute del chaval, le quita el balón y le dice que si deja de hacer el burro, se lo devolverá. El niño casi sufre un cortocircuito al oír eso. Parece como si nunca en su vida le hubieran impedido hacer su santa voluntad. Tras unos segundos, el personaje asusta-niños le devuelve el balón, el niño todavía no ha reaccionado, la no-madre ofendida le dice “vaya, hijo, parece que tendrás que dejar de jugar al balón…”, que traducido al castellano simple significa “mi niño no está haciendo nada malo y esa persona no tiene ningún derecho”. A todo esto, los que están alrededor han pasado miedo, angustia. Hay que tener valor para echarle la charla a un niño.

Si la historia de este crío se va a continuar en las páginas de un libro, si vamos a montar un futuro escrito, lo tenemos bien sencillo. Puede que sean un vándalo que vaya por ahí rompiendo cosas, puede que se dedique a pisotear a sus compañeros de trabajo, quizás le dé por dar bofetadas a su mujer cuando se sienta frustrado y, cuando la justicia venga para ponerle en su sitio, a lo mejor aparece su amada madre diciéndole “vaya, hijo, parece que tendrás que ir a la cárcel”, que traducido al castellano simple viene a ser “no hay justicia, mi hijo es inocente y yo le eduqué muy bien”. Fin de la novela.


viernes, 13 de noviembre de 2009

El muro

Que nos gusta el escarnio en plaza pública como a nuestros ancestros romanos no es novedad. Que de ellos heredamos el gusto de insultar en el muro de la plaza al ciudadano que terciara menos novedad aún, porque nuestros medios de comunicación masivos lo facilitan de forma exponencial. Si ellos inventaron la publicidad del insulto, nosotros los hemos hecho planetario, hasta hundir al injuriado en un agujero negro de un muro sin fin.

A algunos chavales, al igual que algún adulto, les encanta animar sus aburridas vidas con ese juego inmoral de elegir a un pobre desgraciado, atribuirle el papel de tonto, raro, malo o lo que sea y jugar al chivo expiatorio para pasar las horas y los días. El grupo, que se cree hasta el fanatismo el guión que ha ingeniado, hace que su trabajo tenga mucha más recompensa porque es capaz de conseguir que el acosado llegue a ser un tonto universal del que se puedan mofar un montón de adeptos, haciendo que sea un grupo mucho más grande y, por lo tanto, más autorizado. Para alcanzar esta divulgación del acoso, algunos, por no ser los más listos del grupo o porque carecen de infraestructura tecnológica, se contentan con escribir una palabrota en un muro, cual romano antiguo, dirigida al chivo, para que se entere. Otros gastan el saldo del móvil en enviar amenazas de toda índole, con saña, gratuitas, para que el chivo se siga enterando. Otros pondrán cara y nombre al chivo en el muro virtual de Internet, por si este y el resto de la humanidad aún no se han enterado de que le odian, porque así se ha decidido tras reunión previa vía chat donde se perfilan las estrategias.

Este grupo de acosadores, cargado de sinrazón, pensará que, debido a las dimensiones del suceso, “algo habrá hecho” el desgraciado para recibir ese trato. Cosa que, seguramente gracias a compartir la misma genética, también defenderán los padres de los acosadores. Si la cosa se pone fea, con eso de ser tantos, los del grupo se piensan que la culpa entre muchos es menos culpa, como si la mofa fuera más liviana porque el chivo ha perdido la cuenta de los que se están echando unas risas. Y cuando llega el momento de romper el juego, cuando el guión no va a terminar como pensaban los irresponsables, cada uno se defiende como puede, que suele ser echando la culpa al vecino, que, esta ocasión, son un montón. Más de uno dirá que nunca se le ocurriría hacer algo así. Sus padres dirán lo mismo, por lo de la misma genética.

Una vez que la historia haya terminado, que el tonto-raro-malo quede libre y los “Otros” sigan pensando en sus entrañas que se lo merecía, el muro quedará limpio durante una temporada; hasta que se encuentre otro infeliz a quien se dedicará un muro de tamaño inmenso, planetario, donde poder escarnir hasta el infinito.

domingo, 7 de junio de 2009

Estáis invitados a participar

Por si alguno se lo pregunta, estáis todos (alumnos, familias, profesores, antiguos alumnos... en general toda la Comunidad Educativa) a participar en este blog. Para realizar una entrada me tenéis que solicitar el alta como editores, podéis mandarme un mail o darme el vuestro en persona.

Cualquier entrada o comentario realizada desde el respeto y la educación y, sobretodo, con afán constructivo es bienvenida.

Un saludo a todos.

miércoles, 16 de abril de 2008

DESDE MI EXPERIENCIA

Como muchos de los que leáis este blog sabéis, 5 alumnos de 1º de Bachillerato fuimos expulsados este año. He creído conveniente que conozcáis de primera mano la razón y las consecuencias de nuestra expulsión, sin los comunes cambios de información del boca a boca por los que la misma llega a tener diferentes versiones.

La cosa comenzó cuando un buen día una alumna de nuestra clase cometió una incorrección ortográfica. Su falta fue convirtiéndose en motivo de burla cuando nuestra gran pasión por la exageración salió a flote. Colgamos en el corcho la palabra con la falta bien grande para que todo el mundo pudiera reírse con nosotros. Al principio, como ella también se reía, no nos preocupamos por preguntar si le molestaba. Mientras, nos dedicamos a hacer fotos al error y a colgarlo en una página de internet donde todos podíamos comentar lo que quisiéramos. Al poco tiempo, la misma chica cometió otra incorrección por lo que la burla aumentó con creces y más aún cuando en una ocasión íbamos a hacer un examen y por la mala colocación del pupitre se cayó para atrás. Al mismo tiempo que esto ocurría, los comentarios en la página no cesaban. Los padres de esta chica se enteraron de todos los comentarios expuestos en internet pensando que su hija estaba siendo acosada en el colegio y, antes de informar al mismo de lo que estaba ocurriendo, fueron a denunciarnos a la fiscalía de menores. Por este motivo el colegio recibió un sobre con todas las fotos de internet con sus respectivos comentarios, por lo que el colegio tuvo que elegir entre dos opciones: dejar actuar a la fiscalía, lo cual nos hubiera llevado a juicios y habría pasado más tiempo hasta que el problema se solucionase; o investigar internamente la procedencia y las causas de lo ocurrido. Lógicamente vieron como mejor solución actuar internamente. Así nos fueron llamando uno a uno para interrogarnos y decidir la gravedad de nuestros actos. Hay que recalcar que no se interrogó a todo el mundo. Sólo fuimos unos pocos los que tuvimos que pagar por muchos por la cosa de crear temor por el castigo que nos iban a poner. Al principio la sanción iba a ser impuesta a todos por igual pero, más tarde, hicieron una injusta jerarquía de castigos según la gravedad de nuestros actos. A mí me tocó una expulsión considerable pero que no llegaba a ser tan tremenda como la de otros. No todos los que fomentaron el progreso de la burla fueron castigados. Es curioso como toda nuestra vida nos han estado hablando de igualdad y la manera que tienen de imponerla como bien les parece, aunque eso sería otro asunto a tratar. Finalmente, todos nuestros compañeros pensaban en hacer miles de cosas con tal de que no nos echaran tanto tiempo ya que, si lo hacían, nos pillaba con el viaje a Andorra, aunque fue una ‘casualidad’ que en medio del castigo estuviera el viaje. Se hizo una serie de cosas pero ninguna con resultados porque, como ya sabemos, nos pierde la boca y al final nunca hacemos nada.

Desde mi caso, fue una experiencia lamentable ya que lo que yo veía como la mayor tontería del mundo ellos lo convirtieron en una tragedia. En los 8 años que llevo en el colegio nunca he tenido ningún problema con nadie, pero éste me tocó a mí por haber coincidido en algún curso en la clase de la chica aunque yo no tuve ningún problema con ella. Me dicen que en el expediente consta que ella tuvo algún problema pero lo que tengo claro es que si lo tuvo no fue conmigo. La expulsión me supuso un bajón tanto mental como académicamente. Al final, como me expulsaron 6 días yo si pude ir a Andorra e hice todo lo que estuvo en mi mano para que el resto también fuera pero, como ya he dicho antes, hicimos muchas cosas pero ninguna con resultados favorables.

Como reflexión a todo esto he de añadir que todos cometemos faltas y no por eso nos tienen que criticar. Tiene que ser cosa de cada uno saber lo que en cada momento está bien y lo que está mal. Somos libres para marcar límites a nuestros actos y saber lo que debemos hacer en todas las situaciones. A todos nos gusta reírnos de nuestros propios fallos en el momento que los cometemos, pero lo que nos frustra realmente es que seamos criticados mucho tiempo por un error ocasional.

Creo también que tanto ella como nosotros hemos aprendido a no volver a caer en el mismo error, pero lo que sé también es que no solemos aprender de los errores de los demás y que mucho menos vais a cambiar vuestra forma de ser y de pensar porque yo os cuente tal parrafada.

Debemos utilizar internet para divertirnos pero no a consta de los demás. No os animo a que sigáis torturando a la gente con vuestros comentarios en páginas de internet (ya que yo también he sido criticada) pero, si lo vais a hacer, no lo hagáis anónimamente y dar la oportunidad a la persona afectada para poder defenderse.

Yo no puedo cambiar el mundo porque, como bien decía una amiga, no somos superhéroes, pero lo que sé es que puedo cambiar mi mundo, puedo crecer como persona y sobre todo, puedo vivir feliz sin tener que mirar por encima del hombro a los demás.

jueves, 3 de abril de 2008

Primera entrada

Damos comienzo a este blog, el tercero de nuestro Colegio (junto con el Club de Fotografía Digital y el Club de Ciencias). En este caso el objetivo, como dice en la cabecera, es compartir experiencias de convivencia en el Centro.

Queremos compartir con toda la Comunidad Educativa el modo en el que hemos resuelto los conflictos que van apareciendo entre nosotros. Lo hacemos con la esperanza de que nuestra experiencia sirva a otros para resolver sus conflictos de un modo pacífico y dialogante.

También aprovecharemos este blog para difundir la vida y obras de personajes que han contribuido a la paz y la convivencia entre las personas a lo largo de la Historia, o tal vez más modestamente en nuestro entorno cercano.

Os deseo a todos una feliz andadura.